Conmemoramos el Día de los Difuntos

La fiesta de los difuntos, en las comunidades andinas, así como en otras comunidades indígenas de América Latina, es muy importante. La tradición nos cuenta que, desde tiempos muy antiguos, nuestros antepasados cultivaban costumbres y tradiciones en torno a la fiesta de los difuntos, las mismas que se celebraban, hasta el día de hoy, durante el mes de noviembre.

 

En nuestro país el 2 de noviembre de cada año se recuerda el Día de los Difuntos.   A más de las actividades desarrolladas en las aulas, como parte de las tradiciones locales el miércoles 31 de octubre los estudiantes de todas las secciones y los funcionarios del Colegio disfrutaron de las deliciosas guaguas de pan y la tradicional colada morada.

 

En las comunidades indígenas de los Andes, la muerte es considerada como parte de la vida. Es decir, la muerte no constituye una tragedia en la vida de los andinos, más bien, la muerte es como una conclusión, cumplimiento y culminación de una etapa de la vida. Es un momento de transición en la existencia de los seres. La muerte, para el andino, nunca es el final o la terminación del ser. Así, los muertos viven en permanente atención y relación con sus familiares y la comunidad. Ellos están en este mundo para ayudar a los vivos en todas sus necesidades. Pero también necesitan ser atendidos debidamente. Por ello, en varios lugares de la zona andina podemos encontrar verdaderos santuarios, en los lugares donde reposan sus restos. A ellos no les faltan velas ni flores como ofrendas.

 

La fiesta de los difuntos convoca a todos los humanos por igual, no existe comunidad humana que no celebre este día, pues, de alguna manera, la muerte de los seres queridos es un signo de renovación y su recordación festiva significa un compromiso por mantener vivo el pasado.

 

Los antropólogos piensan que los entierros son evidencia del surgimiento de la religión en las culturas primitivas, que coincide con el paso del nomadismo al sedentarismo y con el comienzo de la historia escrita.

 

La cultura Cotocollao, por ejemplo, se consolidó alrededor del culto a los muertos, pues esta celebración incentivó la construcción de residencias fijas, cuya principal particularidad consistía en que no se alejaban mucho del cementerio.

 

Para los miembros de la cultura Cotocollao, el hogar de los muertos era el centro de lo cotidiano. Enterraban a sus difuntos en  fosas y los iban a visitar a menudo, llevándoles ofrendas.

 

Esta tradición perdura hasta el día de hoy en diferentes comunidades ecuatorianas, pues existe la costumbre de llevar comida a los cementerios, convirtiéndolos en lugares de goce y ocio.

 

La recordación de los difuntos es un esfuerzo de las comunidades humanas por preservar el contacto con el pasado y con las tradiciones, que configuran las identidades; así como marca también el comienzo de la memoria escrita.

The festivity of the dead, in Andean communities, as well as other indigenous communities in Latin America, is very important. Tradition tells us that since ancient times, our ancestors cultivated customs and traditions around this festivity, the same that were held until today, during the month of November.

 

On November 2, the date on which the Day of the Dead or All Souls Day is commemorated. Besides all the activities that took place in the classrooms, on October 31 the students in all of the sections and the school staff enjoyed delicious bread dolls and the traditional fruity purple porridge drink known as “colada morada.”

 

In the indigenous communities of the Andes, death is considered as part of life. Therefore, death is not a tragedy in the life of the Andean people, rather death is like a conclusion, fulfillment and completion of a stage of life. It is a time of transition in the existence of beings. Death, for the Andean people, is never the end or termination. Thus, the dead lives in continuing care and relationship with family and community. They are in this world to help people in all their needs. But they also need to be addressed properly. Therefore, in several locations in the Andean area we can find sanctuaries in places where his remains lie. They are never short of candles or flowers as offerings.

 

The festivity of the dead calls all humans alike, there is no human community that won´t celebrate this day, because somehow the death of loved ones is a sign of renewal and to keep remembrance alive.

 

Anthropologists think that burials are evidence of the emergence of religion in primitive cultures, which coincides with the passage of nomadism to a sedentary lifestyle and the beginning of recorded history.

 

The Cotocollao culture, for example, was consolidated around the cult to the death, which encouraged the construction of residences near to the cemetery.

 

For members of the Cotocollao culture, home of the dead was the center of daily life. They buried their dead in graves and visited them often, bringing offerings.

 

This tradition endures to this day in different Ecuadorian communities, it is customary to bring food to the cemeteries, turning them into places of enjoyment and leisure.

 

The remembrance of the dead is an effort of human communities to preserve contact with the past and traditions that shape identities; and also marks the beginning of the written memory.